A punto de convertirse en chica Bigas Luna, la actriz desvela algunos secretos sobre el deseo femenino.Decir Elsa Pataky es decir deseo. No es algo que ella vaya buscando, pero el caso es que, con su cuerpo menudo, pero rotundo, y su rostro de facciones suaves siempre iluminado, la actriz (Madrid, 1976) encabeza, año tras año, esa concesión a la frivolidad que son los rankings de “mujer más deseada de España”.

Ella lo acepta como algo natural, el peaje de la belleza, mientras intenta que su físico no distraiga al público de aquello por lo que verdaderamente quiere ser conocida: su talento interpretativo. Mientras ultima el doblaje de su última película americana –Give’em hell, Malone, de Russell Mulcahy–, y la prensa especula sobre su ruptura con Adrien Brody, ella prepara ya su último gran proyecto: una película con Bigas Luna, D.D. en Hollywood, la segunda parte de la trilogía iniciada con Yo soy La Juani. P. Bigas Luna-Elsa Pataky. Una combinación sorprendente, ¿no? R.
Estoy feliz, hace tiempo que nos conocemos y que queremos trabajar juntos. De hecho, hace unos años estuvimos hablando acerca de un proyecto que Bigas tenía en mente, pero era algo demasiado arriesgado y finalmente no salió. Ahora nos quitamos la espinita. P.
Hay un gran secretismo en torno a la película, ¿no puede adelantar nada? R.
Únicamente que es la historia de una chica de barrio que sueña con ser actriz y, pasando por buenos y malos momentos, llega a convertirse en una gran estrella. P.
Las mujeres de Bigas Luna suelen ser muy raciales, muy latinas. ¿No resulta un poco chocante que ahora haya elegido a Elsa Pataky? R.
Se lo tendrías que preguntar a él. En realidad, aunque mi aspecto no sea tan latino, soy española también y tengo esa personalidad que él busca, esa pasión por las cosas, esa forma de pensar y actuar. Al fin y al cabo, la sangre latina también corre por mis venas… P.
¿Qué es lo que más le atrae de sus películas? R.
Me gusta sobre todo cómo plantea los personajes femeninos: muy fuertes, pasionales, con grandes historias de amor. Además, otorga mucha importancia a la forma de amar que tienen, y me encanta la carga de sensualidad que les concede. P.
Habla de pasión y sensualidad, y es inevitable recordar que en numerosas encuestas ha resultado elegida como la mujer más deseada por los españoles. ¿Halaga, agobia, inquieta? R.
Es difícil de decir. En realidad, y aunque sabes que hay muchas cosas más en ti además de tu físico, no puedes dejar de sentirte muy halagada. Sí, me halaga sentirme deseada por los hombres, pero creo que también tengo que gustar a las mujeres. A mí, por lo menos, me encanta ver la sensualidad en una mujer, lo disfruto en el sentido de que esa sensualidad femenina no se construye, sino que es natural y va mucho más allá del aspecto meramente físico. P.
¿Siente que la transmite? R.
Eso espero. Yo confío en ser algo más que una imagen; hay fotos eróticas que pueden ser muy bonitas, pero que te dejan fría, no transmiten esa sensualidad que va dentro de la persona. A mí no me gustaría ser únicamente una imagen fría en la que sólo se ve el físico. La sensualidad conlleva mucho más, y espero que la gente lo vea así. P.
¿Cree que su físico la ha limitado a la hora de ser valorada como actriz? R.
Es el sino de tantas grandes actrices que tienen un aspecto que llama la atención. Creo que la belleza puede distraer del trabajo que una mujer está realizando. ¡Hasta me ha pasado a mí en alguna ocasión!: veo a mujeres bellísimas y pienso que es tal su belleza y su sensualidad que a veces me cuesta apreciar lo que hay detrás, valorar su talento. P.
Y ser la mujer más deseada, ¿ha afectado a sus relaciones? ¿Sus parejas en algún momento se han sentido incómodas por ello? R.
En absoluto, nunca ha sido un problema. Es más, creo que estaban encantados… A mí, desde luego, no me afectaría en absoluto estar con el hombre más deseado del planeta, estaría tan contenta y orgullosa. P.
¿Cree que hombres y mujeres percibimos el deseo, lo sentimos, de forma diferente? R.
Absolutamente. De ahí vienen muchos problemas en las parejas. El hombre puede tener un instinto… no sé si es muy arriesgado decir que más animal. Se mueve más por impulsos, mientras que creo que las mujeres somos más racionales. Por eso, tal vez el hombre se deja llevar más por la tentación, y ante una atracción especial su reacción es : “Me gusta… Aaaahh… Voy a por ella”. La mujer piensa mucho más las cosas, intenta ver más allá de lo que tiene delante y va con más cuidado. P.
Esa forma de actuar, ¿cree que es porque las mujeres son así o porque están influidas por el peso de la educación? R.
Es algo cultural: la sociedad nos ha hecho ser así. Mientras el hombre hacía lo que quería, nosotras estábamos mucho más cohibidas, pendientes de lo correcto e incorrecto, de lo que puedan decir los demás. Es algo que ha marcado muchísimo las relaciones entre hombres y mujeres, así como el deseo femenino. Pero ahora nos sentimos con más libertad para dejar que surja ese instinto reservado hasta hace poco a los hombres. Ya no tenemos que reprimirlo, podemos expresarlo y eso es un gran avance. P.
¿La convivencia y la rutina asesinan el deseo? R.
Sí, es muy difícil, si no imposible, mantener la pasión inicial con el paso de los años. Y creo que empeñarse en recuperar ese deseo del comienzo no te lleva a ningún sitio: no lo vas a conseguir, es una pasión que se va apagando. Hay que adaptarse si queremos que la relación dure. Yo creo que una relación de muchos años también puede ser maravillosa. Surgen otros sentimientos y puede ser, incluso sin pasión, muy satisfactoria. P.
¿Qué es lo que activa el deseo de la mujer más deseada? R.
No soy una mujer que se enamore a primera vista, ni mucho menos. Enamorarte y sentir ese deseo forma parte de una química, de una atracción que surge a medida que vas conociendo a la persona, pero sin saber muy bien por qué. Podría decirte lo típico, que si el hombre tiene que ser inteligente y hacerme reír, pero hay muchos hombres así que no me atraen… P.
¿Qué es más erótico: un relato, una película, una conversación íntima? R.
Tiendo más al cine, a alguna escena romántica, no necesariamente explícita. Por ejemplo, me parece maravillosa la escena en la que Robert Redford lava el pelo a Meryl Streep en Memorias de África. Tiene una sensualidad increíble, es como un sueño. P.
En cuanto a la sensualidad femenina, ¿cree que las mujeres son más capaces que los hombres de apreciar el atractivo en alguien de su mismo sexo? R.
Sin duda: las mujeres somos más capaces de reconocer la sensualidad y el erotismo en otra mujer. No sólo eso, lo admiramos, nos encanta verlo. Es algo bonito y, como tal, ni lo rechazamos ni lo criticamos. P.
¿Y las fantasías eróticas? ¿Deben seguir siendo eso, fantasías? R.
En absoluto. Las fantasías son como los sueños, hay que intentar hacerlas realidad. Evidentemente, no van a ser exactamente como te las imaginas, pero pueden estar muy cerca. Y hay que probarlas, hay que ir por ellas.