martes, 9 de diciembre de 2014

Crece el fenómeno de las mujeres "puma" en busca de "toy boys"

Se dispara el perfil de féminas de más de 40 años, principalmente de clase social alta, que buscan relaciones con chicos mucho más jóvenes que ellas.



La definición de mujeres “puma” o “cougar”, responde a la descripción de féminas que tienen relaciones con chicos diez o veinte años más jóvenes que ellas. El nombre, de marcado tono machista y despectivo, remite a la idea de hembras que salen a la caza en busca de jovencitos. 

Ellos tampoco se salvan de ser catalogados con desprecio al formar parte de una relación así: La expresión “toy boy” se traduce en castellano como un tipo de chico juguete, en referencia a un modelo de hombre que es utilizado por la mujer con finalidades sexuales. 


Esta es una tendencia que, a pesar de haber existido siempre, actualmente ha ganado presencia y visibilidad gracias a ejemplos que nos llegan preferentemente de la industria de Hollywood. Más allá del lenguaje y de las etiquetas, en este caso, nocivas y no siempre realistas, existe una tendencia social en la que cada vez son más las mujeres que adoptan una estrategia o actitud que, tradicionalmente, ha formado parte siempre del universo masculino. 



Los perfiles más habituales
El cambio de roles que está experimentado el sexo femenino, unido a su liberación sexual, es clave para entender este tipo de relación que va a más en los últimos años. La psicóloga y terapeuta de pareja, Emma Ribas, cree que el uso de estas etiquetas despectivas para referirse a esta situación “son completamente injustas porque ambas personas han elegido libremente tener una relación así, y no se las puede juzgar”. Ribas asegura que en su consulta son muchos los casos de mujeres que, una vez separadas o divorciadas, se decantan por esta nueva relación: “Son personas que han tenido un rol totalmente asimétrico en su anterior relación, cargando con muchas responsabilidades y mochilas, de las que ahora quieren huir. Es por ello que eligen alguien más joven, fresco, divertido, con el que compartir aficiones y pasarlo bien”. Por su parte, “el hombre más joven se siente atraído por la experiencia o, incluso, por las fantasías que se derivan de una relación novedosa con una mujer más madura que le puede guiar en otras aspectos vitales”, explica Ribas.


Cambio de rolesUna de las actitudes unidas a la reciente y cada vez más extensiva liberación sexual es la que hace referencia a mantener relaciones con hombres mucho más jóvenes que ellas, algo que está más normalizado socialmente cuando es el chico el que sale con una mujer de menos edad. Según el sociólogo y profesor de los estudios de humanidades de la UOC, Francesc Núñez, esta situación refleja un traspaso de estatus que, por poco habitual, es recibido como algo chocante en nuestra sociedad: “Esta situación pone en duda la dominación masculina y los estereotipos que arrastramos desde hace milenios, y esto implica romper unas reglas y oponerte al mainstream general, algo que es percibido como una agresión o como algo que molesta”. Para el sociólogo, es aquí cuando se entra a valorar este tipo de relación en términos de racionalidad instrumental económica, y más si se tiene en cuenta que muchas de las mujeres que deciden apostar por un hombre más joven tienen una posición social alta: “Hay un intercambio de intereses, la parte masculina pone la juventud y la frescura, y la femenina el poder, el dinero y el prestigio. No se trata sólo de una relación sexual, sino un juego de ascensión social”. Para Núñez, “es un clásico de la historia del amor que ahora es más vistoso ya que las mujeres también se han apuntado a ello”.


El sexo, en el punto de mira
El aspecto sexual también es un punto importante a la hora de iniciar una relación así. Ribas alerta de que “la mujer suele tener a partir de los 40 años un renacimiento biológico y sexual, especialmente aquellas féminas que se sienten realizadas y autosuficientes, con un trabajo estable, y que no buscan tener hijos. Esto les lleva a aprovechar que el hombre más joven está en su máxima plenitud sexual, especialmente aquellas edades comprendidas entre los 25 años y los 30 años”. El sociólogo Francesc Núñez matiza que es ahora cuando “el sexo se ha separado de lo que era tradicionalmente el matrimonio, por lo que socialmente se acepta más que uno pueda tener una relación sexual, independientemente de querer buscar a alguien con quien compartir la vida o tener hijos”. Para el profesor de humanidades, “históricamente las mujeres no han tenido el sexo como objetivo, sino que buscaban una relación más duradera que tuviera como base el compromiso, incluso la idea de formar una familia, aunque la edad jugaba en su contra, mientras que el hombre podía estar más años en el mercado y eso les daba más prestigio”. Núñez explica que, “con la actual liberación sexual, las mujeres se sienten cada vez más amas de su cuerpo y de sus emociones, por lo que han pasado a buscar otro tipo de relación afectiva”. Aunque los perfiles son muy diversos, el profesor no descarta en este tipo de relaciones cierto acto de transgresión por parte de las mujeres: “En este momento puede existir un cierto componente de provocación social, como cuando las mujeres decidieron vestirse con pantalones, aún así, sólo es por la rareza del momento ya que la novedad siempre llama la atención y todavía no es un movimiento generalizado”, concluye Núñez.


Las relaciones y el sexo siempre se han centrado en diferentes objetivos: hay quien busca un lazo serio y formar una familia, mientras que otras personas las viven sólo como momentos de placer y diversión. Aunque la etiqueta de “mujer puma” nace básicamente de un interés sexual por el hombre joven, no es descartable que este intercambio culmine también en un tipo de relación más estable. Y es aquí donde pueden surgir algunos problemas, especialmente a la hora de hacerla pública: “Hombres y mujeres sufren más a la hora de explicar su nueva relación a familiares y amigos, por miedo al rechazo o a los prejuicios”, admite Ribas. La psicóloga cree que en estos casos es “de vital importancia comprobar el proyecto de futuro que tiene cada uno de ellos, ya que el problema real surge cuando una de las dos partes quiere seguir con la relación y la otra no, algo que puede derivar en problemas de dependencia”. Por su parte, el sociólogo Francesc Núñez cree que el enamoramiento es más difícil de ver en este tipo de relación: “El amor romántico, el que te arrastra, en este momento de la humanidad y, especialmente en las clases más altas, es menos frecuente porque saben que tienen más a perder que a ganar”. 


Modelos mediáticos
Si algo ha hecho visible este tipo de relación en el que mujeres mayores escogen a chicos jóvenes como compañía ocasional o estable, es la industria cinematográfica de Hollywood que, en los últimos años, está plagada de ejemplos de las llamadas “mujeres puma”. La actriz Demi Moore, que tuvo un romance apasionado con el también actor Ashton Kutcher, 16 años menor que ella, es un claro estandarte, aunque hay muchos más nombres: Liz Taylor, Cher, Jennifer Aniston, Madonna o Jennifer López, entre otras. En España el ejemplo más claro durante años ha sido el de la recientemente fallecida Duquesa de Alba, aunque existen otros de renombre como los de Ana Obregón, Susana Uribarri o el romance que mantuvo Carmen Martínez Bordiú con José Campos. “En la vida social los comportamientos se transmiten por imitación.

La globalización actual y el avance de las nuevas tecnologías está facilitando este efecto espejo y la proliferación de nuevos modelos, sean buenos o malos”, asegura el sociólogo Núñez. Emma Ribas, por su parte, cree que el poder mediático del cine y las series de televisión, así como la proliferación de casos famosos, tiene mucho que ver a la hora de dar más visibilidad a este tipo de relaciones, aunque deja claro que “estas mujeres que muestran a su chico joven como si fuera un trofeo” no son el tipo de modelos que suelen abundar en la realidad de su consulta, más cercanos a los factores antes mencionados como la liberación sexual de la mujer o la búsqueda de un lazo con menos responsabilidades. “Las mujeres han tomado conciencia de su potencial y, la mayoría de ellas, tienen muy claro hoy en día lo que quieren y lo que no quieren, y son mucho más maduras”, concluye Ribas.



* Texto por Albert Domenech, Vanguardia, Noviembre 2014